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domingo, 7 de julio de 2013

MANATÍ EN EL SIGLO XVIII: ECONOMÍA, SOCIEDAD, VIDA COTIDIANA

[Con el título del encabezamiento, ya está en trámites de publicación el libro que hoy comienzo a divulgar parcialmente, por medio de segmentos editados que aparecerán periódicamente en este blog. Les invito a reaccionar a sus lecturas. Saludos. Dr. Carmelo Rosario Natal]

[Del Capítulo 1] : Un expediente inédito procedente del Archivo de Indias nos permite construir el siguiente relato. Al abrir el año de 1759 el Teniente a Guerra de Manatí lo era Joaquín de Navedo y Vega. El cura párroco se llamaba Juan Luciano Maysonet y su "teniente cura" lo era Fray Francisco Tiburcio Picón. Navedo era el máximo líder municipal desde 1752 o poco antes, y sería el más longevo en la posición todo el siglo XVIII. Su liderato era muy reconocido en el pueblo y entre las autoridades de la capital. El 14 de abril de 1759 escribía: "Por cuanto nuestra Iglesia Parroquial erigida desde su primera fundación es de tablas, pilares de madera y tan reducida que apenas sufre la cuarta parte de feligreses, especialmente en las sagradas funciones de Semana Santa y Pascuas, subsiguiéndose el que aumente el estado [que] necesita de reedificación, por cuyos motivos y contemplando los ánimos de los feligreses, inclinados a que la Parroquial se construya de firme y a proporción competente, he tenido por conveniente..."[convocar a los feligreses] para cumplir con su voluntad de que se construyese una edificación "con la maior decencia y bastante capacidad para toda aquella feligresía", que insistía en construirla de nuevo " a expensas de sus caudales", y con la disposición de "sacrificar sus haciendas a la espresada obra de piedad". No había duda de dónde provenía el liderato que movilizaba el reclamo popular: "Todo en virtud de los vivos estímulos con que promueve esa devota empresa el Teniente a Guerra de aquel partido, Don Joaquín de Navedo"....

La convocatoria de Navedo a la feligresía resultó en decisiones atinentes a la administración y financiamiento del proyecto y a la elaboración de una lista de ciudadanos con la cantidades que serían sus aportes económicos, bajo el título de "limosnas pías". Es esta larga lista de nombres la que resulta muy reveladora sobre varios aspectos de la sociedad manatieña hacia mediados del siglo. En ella no solamente se nos informa sobre las personas y familias que serían responsables por el dinero necesario para el proyecto, sino que de la misma se desprenden otros particulares del cuadro social. Aparecen las celebridades que detentaban el poder político, social y económico e inclusive hay atisbos hasta de aquel "rudo vulgo" que también celaba su devoción parroquial. El documento, que firmaron "los que supieron" y juraron otros por los que no sabían escribir, consignó la cantidad en promesa de 1,789 pesos.

La lista es de unos 270 nombres y es muy importante por los apellidos que recoge, desde los más poderosos hasta los más humildes de la comunidad. Hay apellidos muy recurrentes y bastantes que han dejado descendencia hasta hoy: Francisco de Torres y Figueroa, Eusebio Menéndez de Valdés, Álvaro de Pina, Manuel de Santa Ana y Díaz [Santana], Antonio de la Cruz, Alejandro Franco de Medina, Pablo de Matos, Juan García Pagán, Manuel de Santiago, Juan Pascual de Torres, José Menéndez de Santiago, José Menéndez de Valdés, Mateo de la Vega, Manuel Menéndez de Valdés, Pedro Menéndez de Valdés [III], Felipe Manzano, Francisco Serrano Bracero, Pedro Pablo Enríquez y otros. Asoman tímidamente los nombres de algunas pocas damas donantes, el de "el negro Juan Antonio del Castillo" y el de " el negro Antonio bozal".

En aquella cruzada pueblerina de mediados del siglo XVIII, encabezada por el alcalde Navedo, se iban revelando los antecesores criollos de los que hoy disfrutan otra vez de  una de las más cuidadas parroquias católicas de Puerto Rico.

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